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sábado, 28 de febrero de 2015

La Caja Dorada - Relato

A esas horas de la noche, cuando las sensaciones se dan un paseo y te recuerdan que sigues vivo, cuando la resaca es previa a los remordimientos... Fernando paseaba por aquella calle sombría después de haber dejado en el portal de su casa a Sara, de pronto se detuvo y se dio cuenta que llevaba en su bolsillo el regalo que había comprado para su dulce amada.

Acelero el paso y se aproximo de nuevo al portal, llamo al telefonillo del piso pero nadie contestó, saco su móvil y comenzó a llamar...Tampoco tuvo respuesta...Miraba cabizbajo al suelo cuando vio, como brillaba uno de los pendientes de su chica, se acerco y lo tomo en su mano, un poco mas alejado vio una pitillera que le resultaba familiar...Un escalofrió recorrió su ya helado cuerpo, se ajusto su abrigo y volvió a llamar tanto al portero automático como al celular...En esas estaba cuando escuchó el inconfundible sonido de entrada de un mensaje de texto.

El sargento le miraba con cara de pocos amigos, la comandancia se encontraba a las afueras del pueblo, una espartana mesa con un montón de papeles, el ambiente cargadísimo de aquel humo que poco a poco iba irritando la garganta de Fernando, no hacia mas que leer una y otra vez aquel mensaje, por mas que lo hacia no podía encontrar ninguna explicación. Tecleaba con fuerzas la maquina de escribir haciendo algunas pausas para coger el cigarrillo y mirar por encima de las gafas al denunciante. ― ¿Y dice usted que la dejo en el portal de su casa...¿Descripción de su chica? ― Aproximadamente un metro sesenta y cinco, cincuenta y seis kilos, pelo largo liso ojos marrones.

― ¡Dígame! ¿Que pone el mensaje del teléfono? ― ¡Sácame de aquí, cariño! No se lo que quieren de mi...Coloco sobre la mesa los dos objetos encontrados en las inmediaciones de la vivienda de Sara, abrió la pitillera y extrajo uno de los cigarrillos, al contemplarlo ajustó la montura de sus gafas y se lo pasó a su compañero para que le echara un vistazo ¡Yo diría...Es como si lo hubiera atravesado un rayo, el cigarro estaba completamente calcinado pero conservaba la estructura y su forma, saco otro de los pitillos y se encontraba en el mismo estado, con cara de asombro seguía aporreando compulsivamente la maquina de escribir.

Salio de la comisaría con la sensación de que la denuncia no serviría de nada, por su trabajo como periodista conocía multitud de casos de desapariciones, en los que el resultado o bien se resolvía de forma trágica o nunca se conseguía darle una solución. Fernando se sabia de arriba a abajo el procedimiento de investigación que llevaría acabo la policía, incluso que el mismo se convertiría en el principal sospechoso, pues había sido el ultimo en ver con vida a Sara. Andaba con esos pensamientos en su mente, cuando se percató de que un coche le seguía, cambio varias veces de dirección para intentar esquivarlo, miraba por el espejo retrovisor desde detrás suya los dos faros reflejaban el interior de su vehículo…

Cada vez estaba mas cerca, decidió aminorar la marcha aprovechando un semáforo en rojo, conducía pegado al carril derecho de la avenida, de forma pausada un vehículo de color gris metalizado se coloco en paralelo, mirando por el rabillo del ojo pudo observar una persona al volante que hacia ademán de coger algo de la guantera...Se le heló la sangre, pisó el embrague y metió primera, apunto estaba de salir a toda velocidad cuando escucho el estridente sonido de su teléfono, acababa de recibir un mensaje de texto de Sara.

Giro su cabeza levemente y pudo ver como el conductor del vehículo le miraba fijamente, ahora si pudo ver sus facciones, de tez pálida, gafas oscuras y con un dispositivo que interpreto como un teléfono, en su mano izquierda...El semáforo se puso en verde, mientras Fernando alcanzaba su celular para leer el mensaje, vio como el vehículo salía a la velocidad del rayo, dejando en el asfalto un rastro de goma quemada. Se aparto a un lado de la calzada...¡No lo podía creer! Una escueta misiva... ― No la busques, está con nosotros, no temas, no lo comentes con nadie...Si quieres verla, podrás hacerlo mañana en la carretera de la montaña, en la explanada de la perdiz, ven solo...A las 02:00, no tendrás mas oportunidades.

Su cabeza era un mar de dudas...¿Quien seria este tipo?...¿Avisaba a la policía?...¿Por que un desconocido tenia el teléfono de su novia?...Algo le dijo que tenia que desechar esa idea de comunicarlo, quería verla, saber que estaba bien, su mente era un hervidero, el aspecto del conductor era realmente inquietante...¿Me pedirán un rescate?...¡Quien me la quiere jugar de esa manera!...Algo tenia claro, no haría nada que pusiera en peligro la vida de su chica.

La noche era bastante calurosa para esa época del año, Fernando dispuso todo para la cita, se subió al vehículo con sensaciones encontradas, no sabia muy bien como resultaría el encuentro...El punto de reunión estaba alejado de la población en dirección a una zona alta y boscosa, sitio de reunión típico de domingueros y personas amantes de la naturaleza. La carretera se empezaba a hacer mas angosta a cada metro, a cada lado de la travesía la vegetación y los árboles tenían mas presencia, miro el reloj y comprobó que faltaban diez minutos para la hora acordada...

Aceleró  pues a ese ritmo no llegaría a tiempo, conocía el camino, pero la noche era oscura y era como si todo el entorno hubiera cambiado de repente. Por fin diviso el cartel que anunciaba la proximidad de la explanada, lugar que el tantas veces había frecuentado...Volvió a mirar la hora, faltaban dos minutos mientras se adentraba de lleno en la ubicación establecida para el contacto. Detuvo el vehículo y apago las luces, se encontraba nervioso las manos le sudaban y las tenia frías.

Repasaba los dos mensajes recibidos en su teléfono, el de Sara... ― ¡Sácame de aquí!, cariño no se lo que quieren de mi...Y el mas reciente, realizado desde el móvil de ella... Y como autor el enigmático conductor. ― "No la busques, está con nosotros, no temas, no lo comentes con nadie...Si quieres verla, podrás hacerlo mañana en la carretera de la montaña, en la explanada de la perdiz, ven solo...A las 02:00, no tendrás mas oportunidades". Esa frase martilleaba su cerebro una y otra vez.

Pasaban varios minutos de la hora fijada y por allí no aparecía nadie, tenia la radio encendida y escuchaba música para intentar disipar el miedo que empezaba a sentir y el silencio tan sepulcral que invadía la zona. De pronto empezó a oír mal la señal de la radio, distintas emisoras, ruidos e interferencias, acompañados de intermitentes zumbidos...Quiso resintonizar la señal, pero una luz que iluminaba todo el interior de su vehículo y varias decenas de metros a la redonda, se hizo presente.

Intentaba mirar hacia arriba, pero los destellos de aquel objeto le cegaban, vio como se quedo suspendido a escasos metros del suelo...No sabia que hacer, tenia el teléfono en la mano y su primera intención fue cogerlo para llamar a la policía, pero freno en seco la idea, al pensar en Sara y las palabras de aquel individuo. De pronto observo caminando hacia a su vehículo las figuras de tres seres, a medida que se acercaban pudo ver que dos de ellos, eran de aspecto alto y rasgos masculinos, en el centro una figura mas menuda.

Todos ellos enfundados en una especie de traje de una sola pieza, le pareció reconocer los rasgos de su chica, pero no entendía nada...¿Que hacia vestida de esa manera?...Salio del automóvil y se quedo como pegado al suelo, incapaz de dar un paso...
― ¡Estoy bien! ¡Te quiero! ― ¿Pero que ha pasado?...Hay algo que no sabias...Ni siquiera yo....Dijo Sara, ¡Ven conmigo amor! Te quiero a mi lado, tenemos planes que cumplir...Nos esperan en casa, volveremos a la tierra, nos han encomendado una misión...La mas importante de nuestra querida civilización hermana.

Pedro M. Girón.






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